miércoles, 25 de enero de 2012

LEY SOPA

Para poder entender la Ley SOPA ( Stop Online Piracy Act) es necesario e imperioso el poder discernir sobre como es que esta Ley opera a nivel internacional. 
De esta manera tenemos, los medios de comunicación peruanos que nos informan que:

La ley SOPA es un ejercicio legislativo más para intentar controlar Internet. En todo el mundo se han propuesto leyes que en mayor o menor medida persiguen ese objetivo. Son proyectos que buscan detener la piratería, pero tienen un efecto colateral potencial que atenta contra la libertad de expresión y la participación ciudadana. Los medios no exageran, de hecho se quedan cortos. De aprobarse la ley SOPA y la ley PIPA en los Estados Unidos, todos los usuarios de la red nos veremos afectados porque buena parte de los servicios que usamos quedarán regulados en el marco de esa norma. Es una ley nacional, pero de impacto planetario.


El proyecto de ley SOPA, busca luchar  contra todas aquellas personas o mafias que copian archivos de manera ilegal para trasmitirlas a través de internet a todo el mundo. Las sanciones no solo serían para el su lugar de origen, los  Estados Unidos, sino  que repercutiría en  todo el mundo. 
De aprobarse la ley, se rompería el principio básico del internet que es ser libre. Por ejemplo, en  Wikipedia –que es una red colaborativa porque todas las personas aportan su conocimiento sobre determinados temas– nadie podría colocar ningún tipo de contenido ya que se " estaría violando los derechos de autor".

Muchas personas no saben aún que es la ley SOPA (Stop Online Piracy Act), un proyecto de ley presentado en octubre del 2011 en USA, que tiene como objetivo combatir la descarga ilegal de contenidos con derechos de autor subidos a Internet.
Es decir, todas tus series favoritas, las cuales bajas a tu computadora o simplemente ves en línea a través de algún sitio en Internet, incluyendo música y libros electrónicos principalmente, serán sacadas de la red junto con un bloqueo de la web que las aloja.
SOPA no solo afecta a Estados Unidos ya que lo que propone es bloquear a nivel DNS sitios (no solo alojados en EUA) que podrían infringir derechos de propiedad intelectual (aunque solo se suponga) o simplemente penalizar a un proveedor de servicios o intermediario que no ha hecho lo suficiente para detener a estos sitios.
Tan grave es la situación que Google, Facebook y Twitter se han unido para rechazar absolutamente estos proyectos de ley que van a destruír por completo la infraestructura del internet a nivel global, además de convertirlos en policías de sus usuarios y perder protecciones que ahora tienen. eBay y Mozilla también están en contra.


Dentro de estos post vemos el desarrollo de la noticia que acarrea la Ley SOPA, lo que debemos de tener en cuenta es el impacto de cada Ley. Lo que se suele llamar el alcance de la ley, en este caso internacional. 

domingo, 22 de enero de 2012

DESARROLLO DEL "MARKETING JURÍDICO"

Dentro del presente documento http://practicalegal.blogs.com/Eventos/Conferencia_CAL%20Marketing%20Jur%C3%ADdico%20dispositivas.pdf se encontrara un exposición sobre como se realiza e invierte, tanto económicamente como emocionalmente, para que un despacho legal, o bien sea un estudio jurídico sea conocido y reconocido por sus profesionales y por calidad de servicio que se brinda.

Espero que puedan leerlo todo y sobre todo aprovecharlo.

Cualquier otra práctica similar al marketing en la práctica legal se podrá ver en http://www.practicalegal.blogs.com/ 

jueves, 22 de diciembre de 2011

domingo, 30 de octubre de 2011

CONVOCATORIA DE FUTUROS ABOGADOS LATINOAMERICANOS

Se recibirán artículos hasta el 15/12/11. Todos los artículos deben cumplir con los requisitos de publicación (están en www.futurosabogados.com). Los interesados deben enviar un email a "futurosabogados@live.com" con la siguiente información: nombre completo, país, tema, e-mail de contacto. TEMAS: - Libertad de expresión y Medios de Comunicación. - Difusión de juicios penales a través de los medios de comunicación. Publicidad de los juicios penales. - Amparo y Derecho a la Vivienda. - Reparación por parte del Estado por condenas de la Justicia Interamericana de Derechos Humanos - Investigación: Sección libre para artículos de investigación. Saludos cordiales. Andrés M. Dubinski. Director de FAL.

sábado, 8 de octubre de 2011

Tres prácticas estúpidas en la docencia del derecho - Publicado por Tomás Marino*

Tres de las más estúpidas prácticas con las que seguramente un alumno de derecho se va a topar. Queda debidamente notificado: 1) El profesor que dice que "yo más de X nota, no pongo". Es un idiota. Podríamos buscar alguna suerte de tesis pedagógica a la que este tipo de gente sigue o adhiere. Pero no. Es arbitrariedad y pedantería. El debate será, en el mejor de los casos, estrictamente freudiano. Algunas variantes aun más patéticas son aquellos abogados que dan clase que agregan la tabla de adjudicación de las notas a las que los alumnos no pueden acceder, y usan fórmulas de la calaña de "el 9 se lo pongo a X (un jurista que el idiota admira), y el 10 se lo reservo a Dios" (o cualquier otra entidad en la que el idiota cree). El criterio es estúpido, y los que incurren en este tipo de “asignaciones de notas reservadas para deidades o juristas” (con quien seguramente el abogado que da clase tiene alguna suerte de enfermiza debilidad), son deleznables. Las notas, si van del cero al diez, se ponen del cero al diez. Si merece un uno, pues se pone. Y si merece un diez, también se pone. Las notas forman promedios; los promedios motivan distinciones, facilitan accesos a becas, concursos. No son poca cosa como para que un arbitrario decida que ciertas calificaciones son inaccesibles. Un ocho no es un ocho sobre diez si el alumno no tuvo, ex ante, posibilidad alguna de sacarse un diez. La pauta es un sinsentido en sí misma; es una modificación de la escala de evaluación hecha en forma encubierta, cobarde, de facto y —para peor— in malam partem. La "inaccesibilidad" de ciertas notas es una muestra, por lo general, de características personales del abogado que da clase y que tienen que ver con su personalidad. En muchos casos lo he visto en narcisistas extremos (de esos que el 80% de sus ideas son anecdotarios aburridos que arrancan con un “yo”), egocéntricos pesados y de esos que quieren asegurar su pequeño rinconcito de poder y satisfacción personal, que se logra sólo a través de injustas pautas de evaluación y aplanamiento de alumnos a través de calificaciones harto injustas. Los que intentan depurar sus psico-issues en el aula a través de estas pequeñas grandes muestras de arbitrariedad, en definitiva, son la peor especie. 2) El abogado moralero. Te presumo vago. De todos los abogados que dan clase, uno de los que más me molesta, son los predicadores de moral que se valen de la presunción de la inmoralidad ajena. A no confundir: compartir y reconocer ciertos valores por parte de quien da clase no está mal. Por el contrario, es muy loable (v.gr. un profesor que pide a sus alumnos que aprovechen la educación pública, que se esfuercen, que otorga valor a la profesión, que intenta que los alumnos se comprometan con tal o cual disciplina, etc.). Con eso, todo bien. Es más, es muchas veces fuente de reflexión y pilas para que el alumno se comprometa. Distinto es el repugnante atacador moral. El atacador moral es una persona que parte de la base de que el alumnado que lo escucha —aun siendo la primera clase, o encuentro— es bruto, torpe, no lee, no estudia, no hace nada, etc. No solo lo piensa; el problema es que goza de decirlo a viva voz. Muchos abogados que dan clase inician sus cursos no solo aclarando (como siempre) que su materia es la más importante de toda la carrera, sino también diciendo que requiere de toda una serie de capacidades que los alumnos no tienen y que si no se las arreglan para obtenerlas, van a desaprobar. Son presunciones iure et de iure. Tira frases de la talla de “no puede ser que no lean, que no estudien, que no busquen bibliografía, que falten a las clases”, o “en mi época .. (acá hace alguna suerte de alusión a una forma de estudiar pasada, épica, comprometida, rimbombante) y hoy día... (insértese aquí una acusación de que el alumnado es vago y desaprendido). entre otras cosas que conforman una diatriba tanto insoportable como injusta. Este tipo de abogado que da clase no repara en dos cosas. La primera es que su tarea es motivar a los alumnos, por lo que si su técnica pedagógica finca en presumir ex ante la estupidez e incultura ajena (tesis bastante criticable por cierto) lo peor que puede hacer es remarcársela a sus pupilos con indignación y hastío. Probablemente ha aportado un grano más a la mediocridad que con tanta gana viene a criticar en el prójimo; y toda esa basura que le achaca al alumno, bien podría éste último predicarla de las aptitudes docentes del papanatas que tiene enfrente y viene —sin conocerlo ni evaluarlo— a decirle una serie de críticas injustificadas y gratuitas sin conocerlos ni tener marco de referencia empírica alguna. Muchísimas veces pensé frente a estos mensos: «¿qué sabe si no leo los diarios? ¿por qué me dice que no estudio? ¿quién mandó a este tipo a decir que uso resúmenes truchos que giran por la facultad?, cuando todo eso es falso». Además, y en segundo lugar, el abogado que da clase, goza de hacer esas críticas porque presupone tácitamente que todas aquellas aptitudes y compromisos que le endilga en carencia al alumnado injustamente, él sí las tiene. Él si lee el diario todos los días, se informa, va la biblioteca, estudia, se mantiene actualizado, y no comete —en fin— todas aquellas cosas que recrimina en falta a los demás. El alumno no es tonto, y esto pasa aun más en ciudades más pequeñas. El alumno muchas veces ya trabaja en el poder judicial o en la práctica foral; conoce la forma de trabajar del abogado que da clase; conoce sus escritos y conoce su desempeño profesional. Muchas veces opuesto a lo que luego predica en clase. Nunca supe qué es lo que los motiva a hacer semejante papelón. Si ve que el público que le tocó en su curso viene escaso de esfuerzos y eso se materializó en los trabajos, los exámenes, y otras variables (es decir, pudo observar y no necesariamente presumir los déficits), la idea es hacer devoluciones, marcar puntos débiles y dar herramientas de estudio. Habrá quienes no las aprovechen, sin duda, y vayan por la vía del poco esfuerzo. Pero la idea es ayudar a superar problemas y no presumirlos y darlos como un presupuesto de trabajo que él no va a poder solucionar, todo lo cual da forma a una suerte de determinismo de la incultura. Incluso alguna vez tuve que bancarme que un abogado que da clase en la primera reunión de un curso haga una suerte de "examen sorpresa" de cultura general con preguntas tontas de todo color, al solo fin de regodearse al encuentro siguiente de lo "mal de la educación argentina" y la "falta de conocimiento general" que poseían los alumnos. Es decir, no solo impartía una moral de la cultura muy anticuada (la cultura como sinónimo de conocimientos pedorros al estilo de los datos de un Carrera de Mente, librito “Cambalache”), sino que hizo un pequeño "estudio de campo" con su propio alumnado, sometiéndolo a una serie de preguntas bobas (al estilo de "nombre los premio Nobel de la argentina") y que —oh casualidad— coincidían con conocimientos básicos que el abogado que daba la clase sí tenía. Nótese lo repugnante: presume a quien tiene enfrente que es “inculto” (insisto, conforme su particular concepción de cultura), y lo somete a pruebas para que el alumno caiga en el error, lo evidencie, y —en parte— se sienta humillado frente a la frustración de no poder responder el “datito cultural” que el abogado que da clase cree valioso saber. Esta gente es capaz de ir a un curso de alfabetización y para probar “lo grave que es no saber leer y escribir”, le pide al de la primera fila que lea a viva voz un párrafo de un poema de Borges. Es raro que no pudimos nosotros, los alumnos, repreguntarle sobre otras cosas que a nuestro entender también forman parte de la cultura general y hacerle una devolución sobre —imaginemos con igual injusticia— “lo patético que es la vejez argentina” que poco sabe de, por decir algo, cine francés, deportes extremos, la ópera en italia, la gastronomía, todos los integrantes del Segundo Triunvirato o cuántos artículos del Código Civil de Vélez fueron copiados del Esbozo de Freitas. En fin. No hay que tratar presumir estúpidos o vagos a los alumnos ni bajarles una línea moral inútil al solo fin de inflarse falsa y económicamente el ego. Esa energía debe canalizarse en las clases, en las respuestas dadas a las consultas, en los materiales que se brindan, y en las devoluciones detalladas de los exámenes y trabajos prácticos. Allí sí se aprende. 3) El irrespetuoso en el examen oral. «Usted siga hablando» me dijo uno en un oral mientras atendía el NexTel y —a la vez le pedía al bedel que le traiga un café. «Espero a que termine con el teléfono, no tengo apuro» respondí. Y por cierto, tardó bastante en cortar (o lo que sea que hagan los que usan ese aparato cuando terminan de hablar). No sé si usan el cambio y fuera o qué se yo. A veces los abogados que dan clase, se potencian cuando se transforman en abogados que toman examen. Es como la versión supersaiyajin del abogado que da clase. Pueden tener estas creativas formas de faltar el respeto (como el caso del teléfono) o bien atacar al alumno con preguntas agresivas o punzantes. Una vez fui a presenciar una mesa libre de una materia que tenía pensado rendirla de esa forma y recuerdo que cada respuesta que iniciaba el alumno el profesor meneaba la cabeza como diciendo un “no, no.” y se refregaba el pelo con sus manos al estilo de “quién me manda a escuchar a este pibe”. Frente a esa reacción ante cada frase que iniciaba, el alumno no tenía chances de repuntar o mejorar su performance sino solo lo contrario: ponerse más nervioso y seguir hundiéndose en una respuesta ininteligible y errada. Recuerdo que la adjunta que estaba presenciando intentaba darle ánimo y tranquilizar al alumno para encausar su discurso, mientras el otro botarate hacía el “show de la indignación” al estilo dígalo con mímica. Finalmente —y para mi desgracia— no la rendí libre y cursé curiosamente con ese mismo profesor que había observado en la mesa libre. Sus clases eran, cuanto menos, una depresión. Grandes siestas he dormido con él. De eso sí le estoy agradecido.